Inocente

Señor policía, le explico que yo no tuve nada que ver con todo esto. De hecho, solo soy víctima de las circunstancias.

Llevaba demasiado tiempo escuchando sonidos raros, en la oscuridad de mi morada. El olor mohoso de mi hogar me relaja, me recuerda a mi infancia en la montaña, en cierto sentido. Me gusta conservar en mi mente detalles de mi infancia, aunque sean mínimos, porque siento que la vida está más presente. Sabe a lo que me refiero ¿verdad? ¿No? Vaya, debe haberlo olvidado. No le culpo, no me malinterprete. El pasar del tiempo a veces puede ser confuso.

No echo de menos mis orígenes, no obstante. Siempre he sido arrastrado a viajes, tras un cambio físico mío. Tardé poco en darme cuenta de que así funciona la mecánica de la vida: Cuando tu cuerpo cambia, el entorno también cambia a consecuencia, y te trasladas para que ese cambio se efectúe con el mayor rigor. No tengo ni idea de quién decide que debo cambiar en un momento dado. Yo lo atribuyo al simple orden natural de la vida. Echarle la culpa al orden natural es negarse a uno mismo. Aunque en esta declaración voy a hacer una excepción, aunque parezca una posición inmadura.

Volviendo a los hechos, señor policía, irrumpieron en mi morada, como lo han hecho ya en varias ocasiones y yo sabía que eso implicaba que yo volvería a cambiar físicamente. Y no, no tenía miedo ¿Por qué iba a tenerlo? Simplemente es dejar que ocurra, ser paciente y esperar el viaje que acontece después.

Y sí, cambié. Pero algo ya me dijo que ese cambio no fue del todo agradable. Quiero decir que el procedimiento fue…un poco diferente. Todos los procedimientos lo son, pero tienen algo común. Hay un sosiego de fondo. Olor a rutina pacífica. Pero esta vez había mucho ruido, nerviosismo, alboroto. Y noté que el cambio era poco ortodoxo. Muy rápido y poco metódico. Yo estos asuntos los noto mucho porque amo la exactitud y el detallismo de cosas como las producciones en serie. ¿No le parecen fascinantes? Un montón de objetos que se repiten una y otra vez y que ves un montón de elementos idénticos de aquí hasta el horizonte. Te sientes acompañado cuando incluso puedes formar parte de esa serie y piensas “Madre mía. Soy partícipe de esta mágica composición”.

El cambio consistió en mi cuerpo teñirse de negro. Sin más. No fue un negro total. Solo algunas partes. Es curioso, porque recuerdo el esmero de un cambio anterior mío, para que yo fuese pálido. ¿Por qué ahora negro? ¿No es tirar el trabajo anterior a la basura?

Y sí, volví a viajar. Pero fue un viaje corto, se lo aseguro. No más de unas cuantas horas. Y pensaba que volvería la paz. Recuerde: Cambio, viaje, tranquilidad. Cambio, viaje, tranquilidad.

Pues no. De tranquilidad nada.

Tras ser sacado de mi soporte de viaje (de escasas dimensiones para mi gusto), un hombre me miró con gran espanto. Nunca me había sentido tan injustamente juzgado, señor. El hombre empezó a ver todas mis manchas negras con sus redondos ojos. Tras pasar su mirada por la última mancha, me gritó.

-¡No le harás daño a mi hija! ¿Me oyes? ¡No permitiré eso!

Y, señor, soy lo más pacífico del mundo. No entiendo ese proceder y esa acusación. Yo no sé nada de hijos de la gente. He oído habladurías, pero son conjeturas. Y, después de decir esto, me arrugó. ¿Ve las marcas? Son la prueba.

Estoy viendo la seriedad con la que observa mis manchas ahora, señor policía, y le aseguro que ojalá pudiese eliminarlas, que bastante feas que son. Pero no puedo. Así que deje de manosearme, porque yo no tengo nada que ver con todo esto. Es el caprichoso orden natural, como siempre.

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