Contrato

Hubo una época en lo que todo me resultaba familiar. Absolutamente todo. Era como si todos los eventos de mi vida estuviesen preescritos.  Como si antes de nacer hubiese escrito un contrato, con todos los sitios a los que debería ir. Y era normal ir a una ciudad y que me sonara cada chicle pegado en el suelo, cada forma de nube que surcara el cielo. ¿Me estás recitando las leyes de esta ciudad? ¡Iluso! Las tengo tatuadas en mi espalda y sobresalen en mis entrañas ¿No las ves?

Indeterminado fue el día en que fui consciente de que pisaba la Tierra de las Vacas Pardas; que prometían ser moteadas, pero nunca vi tal cosa.  No me sonaba de nada. Era un paraje extraño, con una tonalidad que agujereaba el lóbulo de mis orejas, para no cerrarse. ¿Con o sin mi permiso? Difícil saberlo.

Empecé a darme cuenta de que las cosas que le rodeaban (que me rodeaban),  eran distorsionadas sin excepción, no entraban dentro del diccionario que tenía predefinido en mi lóbulo frontal. ¡Maldición! ¿Yo era una mancha de intrusa tinta en un dibujo trazado a lápiz?  La cabeza empezó a darme vueltas. ¿Estaba siendo errática? Sudor frío. ¿Estoy equivocándome? ¿He roto el contrato que juré con la mano en el corazón justo el día antes de nacer?

Una carcajada de aguardiente me retuerce el cogote en la madrugada de hoy.  Observo el reflejo de la botella donde su contenido ha desaparecido. Todo, absolutamente todo es extraño para mí esta noche, este mes, este año. Ya no hay absolutamente nada familiar. Ni siquiera la forma de mis manos la reconozco como mía. No solo el contrato se rompió hace tiempo, sino que los testigos que estaban en él niegan su existencia, con los dedos de sus pies cruzados, escondidos en mocasines de charol. Y, fíjate. Obsérvalo. ¿Lo ves? No era para tanto, no importa. ¿Verdad? O, tal vez, he olvidado la sensación de importarme.

Pero lo inesperado ha dado paso a algo más inesperado aún.

Anoche soñé con ese paraje ¡Hola, Tierra de las Vacas Pardas! Después de años me doy cuenta que, efectivamente, forma parte de mi historia. ¡Por fin! ¿Y sabes por qué? Porque lo he soñado justo cuando sé con certeza que nunca regresará.

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