Príncipe Azul

-¡Príncipe Azul! ¡Has venido!
-Por supuesto, dulce damisela.

El apuesto joven, montado en su caballo, galopó en dirección a la entrada del castillo. Un dragón custodiaba la puerta, con mirada amenazante. El príncipe sacó su brillante espada, con una hoja tan sumamente afilada, que daba la impresión de poder rebanar un diamante como si fuese mantequilla. La batalla fue sencilla. Unos pocos movimientos y lo siguiente que se oyó fue un gran estruendo que hizo huir a una bandada de pájaros, producto de la caída de la gran bestia contra el suelo, ahora totalmente muerta.

El príncipe corrió escaleras arriba, hasta los aposentos de la princesa.
-¡Sabía que vendrías! He estado esperando esto tanto tiempo- dijo excitada la joven.
El príncipe sonrió. Se miraron en silencio unos segundos. Él decidió hablar:
-Cobro por adelantado.
-¿En serio? – ella arqueó una ceja- creía que podía ver un poco de tu material antes. Ya sabes, como prueba de que hay calidad.

Él suspiró. Siempre igual Princesas desconfiadas… Así que sacó el pequeño puñal y levantó la manga de su camisa. Su brazo estaba lleno de cicatrices. Hizo un pequeño corte, de unos milímetros. La sangre azul salió lentamente.
-Rápido, trae un papel.
-Aquí lo tienes -respondió ella.
Cuatro gotas cayeron en la superficie de la hoja. Tras esto, empezaron a moverse con rapidez, hasta formar un párrafo.
-Listo. Mire a ver qué le parece.
Ella guardó silencio y pasó sus ojos por las líneas. Al ratito, suspiró de satisfacción.
-Es…es… sencillamente perfecto. ¡Qué emocionante! Voy a por mi bolsita de monedas de oro.

Esta situación era el día a día del Príncipe Azul, conocida por todas las princesas de diversos reinos como el mejor constructor de historias eróticas jamás contadas.
Por un enigma de la naturaleza, este hombre había nacido con sangre de color azul, producto de una sustancia que creaban sus huesos y hacían reacción al mezclarse con la sangre.
Fue cuestión de un pequeño accidente de niño en una rodilla, cuando se dio cuenta de que el color no era la única peculiaridad de esta sangre: también era capaz de crear textos de contenido bastante subidito de tono.

El primer cliente formal fue su profesor de latín: con solo diez años, el príncipe ya estaba haciéndose pequeños cortes a cambio de dinero. Poco a poco el príncipe fue creando una serie de tarifas y a los dieciocho años ya era uno de los príncipes más famosos y ricos del mundo, aclamado sobre todo por las mujeres.
Pero este hecho no era agradable para todos. La comunidad de dragones estaba muy enfadada con esta situación pues, al parecer, estos relatos no era muy creativos: dichas historias eran una copia de un cúmulo de cuentos eróticos de conocimiento popular entre los dragones.

Una hermosa cualidad de los dragones es que ellos tenían un lenguaje propio, no conocido por ninguna otra especie. Sin embargo, los dragones eran capaces de reconocer cualquier lengua del mundo, ya que tenían unas cualidades telepáticas envidiables. Tener este privilegio hacía a los dragones partícipes de un montón de secretos que, hasta la fecha, tenían la tranquilidad que nunca serían desvelados. Un secreto menor, de un calibre casi insignificante pero divertido, eran las historias eróticas que se contaban a veces entre ellos, como un mero entretenimiento en sus horas de vuelo.

Descubrir que un humano era capaz de transcribir algo hasta ahora oculto, aunque de momento solo fuesen datos prácticamente insignificantes, hacía que los dragones se llenaran de temor. ¿Y si un día la sangre contaba algo más? Así pues, muchísimas princesas hacían sus encargos de relatos eróticos al príncipe y éste tenía siempre que verse las caras con el dragón de turno que impedía el paso. Los dragones más sabios, sin embargo, jamás se enfrentaron al príncipe, pues no hay mejor ataque que el que se crea desde el interior.

Un día, de manera repentina, el príncipe murió. Y la forma en la que ocurrió no se debió a ningún dragón, ni tampoco a la vejez, ni tan siquiera a una pifia en el bosque. El príncipe murió desangrado. La táctica perfecta: Los dragones más sabios inventaron lo que podría llamarse un culebrón en toda regla: enredos, engaños, tirones de pelo, portazos… La calidad del texto era mediocre. Pero eso no era lo importante. Lo relevante era que se había creado el relato más largo jamás contado. No fue suficiente con crearlo. Tuvieron que repetir dicha historia de boca en boca, popularizar de manera forzada y estratégica, lo que les llevó un tiempo considerable. Lo que se dice crear una moda, vamos.

Basándose en que el príncipe vendía relatos completos, dicha condición fue su perdición. La ambición y el deber obsesivo del príncipe no ayudaron demasiado. Llegado el momento, el texto popular hizo su aparición en una hoja y no paraba, era enorme. Más sangre, más sangre, más… Lo que más lamentó la princesa que estaba en ese momento a su lado, no fue la muerte del Príncipe Azul, si no que muriera antes de poder dar por finalizada la historia, No era cuestión de calidad, era cuestión de cerrar las cosas como era debido.

En el testamento escrito, el príncipe cedía a su fiel compañero (algunos comentaban que había algo más que compañerismo entre ellos, pero nunca quedó claro del todo) su esqueleto, pudiendo mezclar sangre de humano con alguno de sus huesos siempre que lo desease, pues así sus historias seguirían vivas, imperecederas.
Sin embargo, su compañero era muy religioso, creyente de que el alma tenía que descansar bajo tierra para alcanzar la paz. Hizo caso omiso a sus últimos deseos y enterró el cuerpo en el centro de un monte.

A día de hoy, muchos jóvenes estudiantes de Historia desean acabar trabajando en yacimientos arqueológicos. Más allá de todos los motivos que puedan decir, lo que verdaderamente les mueve es la posibilidad de encontrar el esqueleto del legendario Príncipe Azul e intentar mezclar los huesos con sangre, para revivir esas historias eróticas y beneficiarse económicamente o, simplemente, privadamente. Pero se equivocan. Hoy en día, apenas hay dragones. Y los que hay ya no son tan divertidos. Ya no hablan de historias sugerentes. Solo hablan del pasado, recuerdo de las viejas glorias, se quejan del presente. ¿Que cómo se sabe esto? Porque este texto está escrito con sangre mojada con los huesos del Príncipe Azul. Por eso.

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Este ejercicio consistía en hacer un relato de fantasía donde las palabras “tinta” y “esqueleto” estuviesen relacionadas. Primero pensé en hacer un cuento de piratas, en el que la tripulación tenía que enfrentarse a esqueletos con forma de animales, incluyendo a seres que normalmente no tendrían huesos. Y, entre dichos animales, colar un esqueleto con forma de calamar y que escupiese tinta. Pero creo que esta historia está más simpática, jeje. 

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