Refresco

-¡Necesito saber la fórmula, Nacho! ¡¡¡La necesito!!!

-Baja la voz, por favor. – respondió él, algo abrumado.

Lorena tomo un largo sorbo su copa a través de la pajita, con avidez; mientras fijaba su vista en Nacho, como quién fija el punto de mira antes de disparar. Éste sabía que cuando a ella se le metía algo en la cabeza, era muy difícil hacerle cambiar de idea. La suave música country sonaba de fondo. La oronda camarera limpiaba jarras de cerveza, mientras miraba de reojo, con curiosidad. Dos borrachos cuarentones tomaban un whisky tras otro.

-¿Qué tan interesante es? ¿Para qué quieres saberlo?
-¿Bromeas? Si lo conseguimos, podremos tener un secreto de dimensiones interplanetarias en nuestras manos.
-Es solo la fórmula de un refresco.

-No. No sabemos por qué tanto misterio. Hay muchas fórmulas de refrescos al descubierto. Pero este refresco, no. Además, hay una clara correlación.

-¿A qué te refieres?

– Los avistamientos OVNIS.

Nacho arqueó las cejas.

Ella sacó de la mochila un álbum con numerosos recortes de periódicos y artículos impresos de Internet.

– Justo por la época en la que este refresco se comercializó, el número de avistamientos de OVNIS creció exponencialmente. ¿Sabes lo que significa esto?

-¿Que a medida que la economía poblacional se estabiliza, la gente tiene más tiempo libre para inventar rollos?
Lorena sacudió la cabeza:

-Agh, qué asco me das a veces. No, hombre. Está claro que la fórmula del refresco está relacionado con el espacio exterior. Es probable que tenga algún elemento prohibido en otros planetas, o algo así. Y que muchos extraterrestres estén inquietos por ello.

-Yo os puedo ayudar a conseguir la fórmula esa – intervino uno de los borrachos, con aire divertido.

Nacho puso cara de fastidio. A esta hora los bares de las afueras se llenaban de gente muy toca narices.

-¿En serio? – A Lorena se le iluminó la cara.

-Lorena por favor – Nacho intentó no ser escuchado por nadie más que ella- están riéndose de nosotros.

– Con esa actitud no llegarás muy lejos, Nacho – Lorena arrugó la nariz y se giró hacia los borrachos, serenando las facciones – Decidme caballeros, ¿Qué tenéis que pueda ser de interés para mí?

-¿Tienes un bolígrafo? – preguntó el hombre, guardando, de pronto, algo de seriedad.

-Por supuesto – dijo ella.

Tras proporcionárselo, el borracho cogió una servilleta de papel y empezó a escribir.

-Está el Twitter y esas cosas ¿No? Busca al dueño de la empresa y ponle esto como mensaje privado. Verás que divertido.

Nacho y Lorena leyeron la frase. Se miraron entre ellos.

Tan pronto llegaron a casa de Lorena, ella escribió la frase en mensaje privado de Twitter “Conservo una prueba de lo que hiciste el sábado por la noche. Dame la fórmula o lo aireo”.

No tuvieron que esperar mucho, enseguida supieron la respuesta.

“No puedo. No es que no quiera darla, es que no puedo”.

-No puedo entender cómo ha colado- dijo Nacho estupefacto.

-Fácil- dijo Lorena- ¿Qué persona adinerada de mediana edad no tiene secretos y cosas vergonzosas a sus espaldas, de esas cometidas con regularidad? Y luego dices que ese tipo del bar no sabía.

-¡Pura potra!- protestó Nacho.

Lorena volvió a contestar, siguiendo el juego al mensaje anterior:

“Una lástima. Tendré que publicarlo”.

El empresario respondió con rapidez:

“¡Espera! Lo voy a intentar. Pero no publiques nada”.

Ahí tuvieron la respuesta. La clave. La fórmula para crear la bebida más adictiva de occidente. Y era extraño. Todos los ingredientes eran corrientes, nada se salía de lo común.

Poco después salió la noticia en Internet. Habría transcurrido tan solo un par de horas, pero ya se sabe que los periodistas se apresuran mucho en obtener la primicia.
El gran empresario con el que habían estado hablando hace nada, había fallecido de un ataque cardíaco. Al igual que su padre. Y que el padre de su padre.
Lorena y Nacho se miraron. La fórmula estaba… ¿Maldita?

¿Cuáles eran las bases? ¿Si la escribías, morías? ¿Si la leías en voz alta, también? ¿Dónde estaba el límite? Estaba claro que si lo preparabas, en silencio no ¿O quizás, sí? Después de todo, la elaboración completa era a través de un avanzado sistema informático. Ambos se sintieron en más peligro que nunca. Allí estaba el mensaje, amenazante, más peligroso que una granada de alta sensibilidad. Lorena cerró la cuenta de Twitter.

-Quizás sí que están detrás los OVNIS- se aventuró Nacho.

-Los OVNIS no exiten – sentenció ella mientras apagaba el ordenador.

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