El robo

-¡Eh!
-…Mierda.
-¿Qué haces aquí? ¿Por dónde has entrado?
-He entrado por la ventana ¿Qué mejor manera?
-¿Motivo?
-De acuerdo, lo admito, ya está todo perdido. He venido a robar.
-…¡Hombre! ¿Por qué no lo dijiste antes? Pasa, pasa.
-¿Disculpa?
-Espera te haré un tour por las pertenencias de mi habitación.
-¿Es un truco?
-Trucos son lo que te han faltado para una entrada más discreta. Pero no te lo tendré en cuenta. Mira, aquí puedes ver todos mis libros. A lo mejor alguno te interesa…
-Mmmmm…
-¿Qué ocurre? ¿Tienen algo de malo?
-Tienes un libro de Kafka.
-¿Qué problema tienes con Kafka?
-Me parece un tipo perturbador de más.
-A mí me encanta.
-Odio los insectos. Y su presencia empaña el resto de la biblioteca. No me fío del resto.
-Kafka es algo más que la Metamorfosis. ¿Y qué es eso de no fiarte del resto?
-Detecto cierta molestia en tu voz ¿Tienes algún convenio con sus obras?
-Bah, de acuerdo. Nada de libros. Mira mi edredón ¿No es bonito?
-La verdad es que no. Y estamos en verano. ¿Para que lo quiero?
-Para el invierno.
-En invierno me robo uno y ya. Vivo el presente.
-Muy bien, chico poco previsor. ¿Qué me dices de este cofre de joyas?
-No parece que tengan mucho valor.
-Pero a lo mejor te interesan para un regalo.
-No suelo regalar lo que robo. Está feo.
-Un ladrón con convencionalismos ¡Vaya!
-Quizás debería irme.
-¡Espera! ¿Te vas sin más? ¿No me ibas a robar?
-Se me están pasando las ganas.
-¡Anda ya! ¿Y qué me dices este portátil? ¿eh?
-Ni de coña me llevo un portátil.
-¡Pero si es lo que más se roba! ¿No estás puesto al día o qué?
-Yo es que no me apaño con la tecnología. Necesitaría pagar a alguien para que me lo formatee y ese color turquesa que tiene…no sé, me parece hortera.
-¿No te gusta entonces nada de mi habitación?
-No…No tendrás algo de dinero ¿Verdad?
-Nunca llevo suelto, lo siento.
-Nada, nada ¿Estás bien?
-Pensé…que te gustaría alguna cosa mía.
-Bah, mujer, no te preocupes. Si es que soy muy particular para ciertas cosas. Si quieres vuelvo en invierno. Puede que me haga falta ese edredón.
-¿Lo prometes?
-Yo nunca prometo nada.
-Bueno, es igual. Me quedaré con la esperanza.
-De acuerdo. Pues nada. Nos vemos.
-Cuidado al salir, no te caigas.
-Gracias.

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