Batalla

-Y aquí tenemos la sala del Comandante Martín Jiménez: Pasen conmigo a la derecha.

El grupo de turistas observaban la exposición fotográfica con mucha atención, sacando silenciosas fotos con sus gafas de realidad aumentada. La mayoría eran  de origen asiático (nueva superpotencia mundial desde hacía unas décadas), aunque también algunos españoles; con ese orgullo de sentirse partícipes de forma indirecta del destino positivo de la humanidad.

-Como podemos comprobar en las fotografías, M. Jiménez luchó contra la amenaza que aconteció en mayo de 2037: el grupo de extraterrestres del planeta hasta entonces desconocido Tyreon, llamado así por el personaje de la popular serie literaria de años atrás Juego de Bolos, cuyo último libro había salido ese año.-la guía turística, una chica de veintipocos, intentaba mostrar mucha profesionalidad y seguridad, a pesar de su corta experiencia.

Entre los visitantes  se empezó a escuchar una pequeña risa contenida.

-Aquí podemos ver una imagen a tamaño completo de M. Jiménez, con su porte, su elegancia.

En ese momento la risa de uno de los observadores se hizo evidente. Provenía de un anciano de cara muy arrugada y con apenas una pelusa de pelo blanco en su cabeza, en silla de ruedas. Una chica joven se encontraba tras la silla, observándole con una mezcla de vergüenza por los demás y afecto hacia el jubilado.

-Ehm… Y aquí podemos ver una imagen de varios alienígenas caídos. M. Jiménez capturaba a los altos mandos y los castraba, como amenaza.
-¡Coleccionando huevos de alienígena, una guarrada monumental!-rió en voz muy alta el anciano, con lágrimas por tanta carcajada.

La guía turística estaba algo cortada por la situación. Los turistas se miraban entre ellos. Un niño empezó a reírse, pero fue cortado por su madre.

-M. Jiménez sufría problemas de estómago, lo que le dificultó la permanencia en la segunda revuelta, pero no fue impedimento para la tercera.
-¡Si es que meterse tanta cosa rara en la boca no debe ser nada bueno!- el anciano reía de forma tan ruidosa que era evidente que estaba empezando a molestar al resto de los visitantes, exceptuando  al niño.

-Y bueno, éste es el traje que llevó M. Jiménez el día de la victoria definitiva.Podemos ver el color plata predominante…
-…como si fuera el envoltorio de papel de plata de un bocadillo de chorizo ¡Cómo chorizo que seguro que sería! – el viejo carcajeó tan fuerte que la dentadura postiza salió disparada y aterrizó en una de las fotos. Ante este inesperado proyectil, el anciano se tronchó aún más sonoramente.

-Señorita- intervino una visitante de mediana edad acercándose para no ponerla en evidencia ante el resto-me parece una falta de respeto lo que está haciendo ese hombre. Debería poner orden. El grupo está empezando a enfadarse bastante.

La guía observó a el fruncido ceño y la incomodidad que reinaba de forma general. Ella se rascó la nuca.
-Señores…-dudó por un momento-hoy tenemos un invitado especial. Demos un aplauso y una cordial bienvenida a M. Jiménez. A pesar de su frágil salud, no ha sido impedimento para tenerlo entre nosotros.

La gente quedó visiblemente perpleja. Los aplausos tardaron un par de segundos. La chica tras la silla de ruedas, parecía un poco incómoda.
-Su cuidadora me pidió que intentase ser discreta con la identidad de nuestro acompañante, pero creo que vale la pena tener presente de a quién tenemos. Es un gran honor.
Los aplausos invadieron la sala, para apoyar la decisión de la joven. Algunos tomaron al anciano fotos. El disgusto inicial había pasado a admiración.

-Bueno, señores, vayan ahora a la sala del fondo, que tiene elementos interactivos. En seguida estoy con vosotros. Voy a quedarme un momento con nuestro invitado y su cuidadora.

La sala quedó vacía salvo por ellos tres.
-Mariela-la guía miraba al anciano de reojo-creo que no ha sido muy buena idea que hayas  traído al abuelo. ¡Se lo han tragado, pero por los pelos!
-¡Bobadas! Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien-interrumpió el abuelo con una sonrisa de oreja a oreja.
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2 comentarios en “Batalla

  1. Las fumadas de Gainax son gloriosas. 😀
    Sí, me siento reconfortada contando cuentitos amables, de estos que me leía mi abuela de niña. Bueno, mi abuela no hablaba de aliens castrados, pero se entiende la idea. jajajaaj ^_^

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