Destrucción

El público aplaudió con gran entusiasmo. El telón se levantó.

Un gran tanque transparente de gran magnitud cubría prácticamente todo el escenario. Siete pianos de cola estaban en su interior, uno pegado al otro, con una capa de hielo alisada y resbaladiza en la amplia tapa de cada uno de ellos. Un líquido extraño llenaba el tanque hasta la mitad, dejando semihundidos los instrumentos.

Elizabeth Rosh, con esa elegancia de cisne y sus minuciosos movimientos producto de haber perfeccionado durante años su pasión, apareció con sus patines con cuchillas, envuelta en un mono color carne. Su brillante melena rubia estaba sujeta con un moño alto, como siempre.

Subió las escaleras del tanque y puso sus pies en la superficie de uno de los pianos. Se trasladó deslizándose hacia el piano central,haciendo pequeños saltos entre piano y piano.  Silencio en la sala. La música empezó a sonar.

Elizabeth realizó pequeños movimientos en el piano central, y empezó a girar sobre sí misma. Una vuelta, otra, otra… La capa de hielo iba gastándose poco a poco. Una señora del público comentó algo a su marido al oído.

Llegó el momento esperado: Dos ayudantes aparecieron, cada uno desde un lado opuesto del escenario. El público volvió a aplaudir. A cada lado del tanque se encontraban unas ruedas reguladoras de temperatura. Cada uno giró la rueda al punto máximo. Elizabeth seguía bailando. La música no paraba.

El líquido empezó a burbujear. De manera gradual se iba corroyendo el material de los pianos. Ella giraba y consideró el momento de saltar de piano en piano de nuevo, esta vez como parte de la coreografía. La capa de hielo se derretía y empezaba a ser más peligrosa la actuación. Las cuchillas de sus patines estaban ya arañando directamente las tapas, los pianos iban perdiendo estabilidad. La música estaba en su momento culmen.

¡Elizabeth se ha resbalado! Pero todo formaba parte de lo planeado. Un doble giro la sacó de su trayectoria y la dejó en el borde del tanque, justo cuando la pieza de música clásica finalizó.

El público se levantó y aplaudió emocionado. ¡Qué expresividad! ¡Cuánta adrenalina en tan pocos minutos!

El director del auditorio apareció junto a ella con dos micrófonos y le tendió uno.
-Bueno, querida, lo has conseguido. ¡Arriesgando tu vida por el arte! ¿Quieres decir unas palabras?
-En primer lugar debo decir que han sido más de 15 años de duro trabajo: patinando cada día sin descanso, conseguir reconocimiento por medio de muchos concursos premiados… Pero no podría haber hecho nada de esto si no fuera por mi madre.
-¡Qué bonito! ¿Se encuentra aquí?
-No, por desgracia, no.
-¡Vaya! Lo lamento…

-Ya. Pero no es lo que piensas: Seguramente esté en sus clases de pintura ahora mismo, dibujando algo que exprese su odio más visceral.
-¡Vaya! ¿Y eso?
-Durante todos estos años siempre tuve un objetivo: esta obra.
-Es una gran proeza. Una representación jamás vista en la historia del patinaje.
-No quería decir eso exactamente. Mi madre siempre se empeñó en que tocara el piano, pero se me daba fatal. Acabé odiándolo.  Así que a los 6 años lo tuve claro: Me marqué el objetivo de tener una excusa para destruir un montón de pianos y que mucha gente asistiera a verlo y aplaudiese por ello, a nivel internacional.

-Vaya…Pues sí, hay incluso cámaras que lo están retransmitiendo por Internet. Digamos que…bueno, lo has conseguido. ¿Algún mensaje que quieras decir a tu madre?
-Por supuesto. ¡Qué te jodan, mamá!

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2 comentarios en “Destrucción

    • ¿Obsesiva y testaruda? ¿Yo? ¡Qué va…..! *Ovejañil canturrea de forma teatral, delatándose*
      .
      No creo que llegue al grado de maníaca (temblad, mis pequeños, temblad, jajaaj XD). Pero los personajes maníacos son geniales. Por algo hice el cosplay de uno de ellos hace años. 😀

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