Santo

-Creo…que no voy a leerte más relatos eróticos.
-¿Qué? ¡No me puedes hacer esto! ¡Teníamos un trato!
-Si ya lo sé, pero es que la Madre Superiora dice que leer relatos eróticos es pecado mortal…
-¡Qué coño sabrá ella! Maldita sea, me aburro un montón. Además, se supone que debes adorar a los santos ¿no? ¡Pues soy un santo, joder!
-En teoría eres una vidriera…
-Una vidriera de un santo. Y tú como monja debes atenderme ¡Joder, soy un maldito milagro para ti!
-Es que…estoy empezando a dudar de ti.

-¿Qué cojones…? ¿A qué viene eso? ¿Vas a dar la espalda al cristianismo? ¡Ah, claro! Tanto relatito ha hecho que fantasees con alguno y quieras colgar los hábitos. ¡Cómo te he pillado!
-¡No es eso! Es que dices muchos tacos, dices a veces unas cosas muy extrañas…Se supone que los santos son puros. Me da que tú no eres quién dices ser.
– Muy fácil hablar desde ahí abajo. Si estuvieras años y años aquí, con todo el sol atravesándote, ya me dirías. ¡En mi lugar, tú ya tendrías cáncer o alguna mierda así!

-Pero se supone que no tienes piel.
-Pero que hace calor, coño.
-Pero no deberías sentir eso.
-¡Pero qué sabrás, si no eres santa!
-Pero… ¿Qué santo eres? Es que no sé, le pregunto a las monjas y no me saben decir..
-Soy San Calgario.
-¿San Calvario?
-¡No! San Calgario.
-¿Y por qué te nombraron Santo?
-Pues porque en el pueblo nunca pasaba nada y a la gente se le ocurrió que sería muy divertido decir que yo podía hacer milagros. Curar y chorradas así. Para dar caché a la zona, ya sabes.
-¿Y tú aceptaste?
-Hombre, al principio eran todo ventajas: el vino me salía gratis y la gente no paraba de tocarme para que le diera suerte. Cuando me tocaba un tipo con una enfermedad contagiosa, daba un acojone importante; pero cuando me tocaban las chicas del lugar…ahí ya me dejaba con ganas… y me dejaban con ganas, ya me entiendes. Pero claro, no sabía los efectos secundarios: no tenía ni idea que después tendría que estar en una maldita capilla durante una eternidad. ¡Qué estafa, macho!
-Sin embargo, estoy hablando con un santo. Eso me convierte en santa ¿no?
-¿Y para qué coño quieres ser santa? ¡Santa Claus, no te jode! ¡Culo veo, culo quiero! ¡Valiente envidiosa!
-No sé…quiero saber cómo funciona esto de las santidades.

-En teoría son magos que ayudan a los demás, sin varita ni chistera, porque van de humildes y de sufridores.  Pero para mí eso es una gilipollez más grande que este templo: mi idea de “santo” mete a mucha más gente; gente que nunca serán considerados santos. Y me alegro que sea así: en cuanto tienen ese título, se van a la mierda. Bueno, luego está mi caso, que era un cabroncete antes y después de la santidad. Así que, menos cháchara:  ya me estás leyendo otro relato, listilla.
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