Orgullo

¿Y qué culpa tengo yo?

¿Qué culpa tengo de haber nacido con la apariencia con la que lo hice? Parece que tengo que pedir perdón por el tamaño de los halagos de los pueblerinos y el deseo de aquellos muchachos. Pues diré que no fue una cuestión de elecciones. Mi atractivo solo es obra de los dioses y yo no tengo nada que ver con ello. Mi familia me había dicho que mi belleza me honraba y  yo siempre lo vi como una señal para no ocultarlo ¿Por qué iba a hacerlo? Uno no oculta el sonido de su voz o la velocidad de sus movimientos ¿verdad? ¿Implica que arrastro un halo de vanidad por mostrar mi cabellera dorada desde que sale hasta que se oculta el Sol?

Lo más irrisorio de este asunto (de esas risas ásperas que adornan la tragedia) es que yo amaba a Atenea. Nada era más importante que ella para mí. Y todo es debido a mis pequeñas obsesiones, que se fueron convirtiendo en grandes ideales.

Mi inquietud era la sabiduría. El tener el conocimiento en tu mano y el funcionamiento del mundo en tu interior; saber desenvolverte y crear ideas, ampliarlas, mezclarlas hasta crear algo aún más grande. Y, honestamente, nunca fui demasiado inteligente, cosa que me avergüenza reconocer, aún a día de hoy. Quizás por eso admiraba a mi querida diosa. Desde niña veía su figura en estatuas y me parecía un modelo a seguir. Así que, cuando tuve la oportunidad de servir de manera asidua a su templo, casi desmayo de emoción. Verdaderamente mi familia estaba en lo cierto al decir que llegaría lejos.

Pero, empiezo a darme cuenta de una cosa: Los dioses no lo saben todo y no velan por tu bienestar. Voy dándome cuenta de que las deidades son egoístas, que solo piensan en sí mismos. La niña inocente que los veneraba se ha transformado en una mujer con rabia e ira al ver que estuvo aquel día en el templo y nadie la ayudó.

Sí, imposible olvidar cada detalle del día que Poseidón apareció y yo pensaba que eso implicaba un gran honor. Aquel día que me forzó a hacer aquello que no quería.

Lloro de ira cada noche recordando su fuerza, mis gritos, su risa, nuestro sudor… No hubo palabras. Solo miradas. Con aquella fijación muda, supe que no tendría escapatoria. No lo percibí al instante, solo al darme cuenta que sus pupilas temblaban. Tras ello, al momento, temblé yo. Pero mis piernas jamás se movieron…hasta que él forzó su apertura.

Jamás pensé que tal terror pudiese tener origen divino,

Llegó un momento en que dejé de forcejear. Cuando ya te rindes es cuando escapas. Mi mente se alejaba y se posaba en los brazos de Atenea. ¡Oh, mi dulce Atenea! A pesar de que estaba perdida, en tu corazón me encontraba a mí misma. Tras tres eternidades, la pesadilla supuestamente acabó. Y digo supuestamente, porque mi esperanza aún espera despertar de todo esto.

Allí estaba yo, tirada en el suelo y destruida, llorando y con ganas a la vez de matar. Matar a aquellos hombres, ya sea de naturaleza mortal o divina, que solo por ver un cuerpo bonito ya lo consideraban motivo suficiente para apoderarse de él. Allí estaban restos de mi sangre, ensuciando el suelo de mi amada Atenea, sangre que evidenciaba una grotesca inocencia cuarteada.

Y Atenea vino.

¿Es ella? ¿Eres tú, amada Atenea? ¡Por primera vez ha venido mi diosa! ¡Tantas oraciones, tanto tiempo observando su estatua! Seguramente vendría en mi ayuda. Castigaría a Poseidón, esa bestia incontrolada, y me protegería de amenazas futuras. ¿Verdad?

Me has decepcionado, Atenea. Yo creía en ti. No entiendo tu castigo. ¿Profanar tu templo? ¿Y mi dolor? ¿Dónde está la justicia por mi dolor? ¿Dónde está tu sagrada protección? ¿En convertirme en un monstruo y no poder jamás sentir el consuelo de nadie? ¿En convertir mi pelo dorado en un montón de serpientes?

Quizás no tenga el don de la alta sabiduría en mi interior, pero puedo darme cuenta de cuándo es un acto marcado por la razón y cuando otro marcado por las pasiones. Y lo tuyo, Atenea, está marcado por el odio. Un odio que tendrás hacia él, tú sabrás el motivo, pero que has pagado conmigo.

Es entonces cuando me pregunto en quién me refugié cuando él se apoderó de mí. Quién contribuía a que me sintiera menos sola en momentos de incertidumbre. Si no fuiste tú ¿Quién, entonces? ¿Nadie? Siento que el reino de la sabiduría no lo compartes con los mortales, sino que es un hecho tan consumado en ti como mi cara antes de todo aquello.

Pues mi rabia de mujer herida será lo único que me acompañe, Atenea, hasta el día que muera. Mis serpientes cantarán el himno de mi desdicha y el mundo mortal sabrá que en algún lugar, esta mujer petrificará con dignidad a todos los que se acerquen. Si esa es la maldición que me pusiste, pienso llevarla con orgullo y no llorar, como quizás pensaste que reaccionaría. Sí, Atenea: Con el mismo orgullo con el que llevaba mis cabellos dorados no hace tanto. Porque en orgullo no me ganará nadie. Ni siquiera tú, Atenea. Ni siquiera tú.

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Nota de Ovejañil:  El objetivo de hoy era ponerse en la piel de un personaje de alguna mitología. No tanto ser original y ocurrente como de desarrollar una empatía específica. 

Pongámonos en situación: vas a una enciclopedia online buscando la figura mitológica y te encuetras a Medusa: Sigues rebuscando y te topas con un texto impersonal que pone que Medusa es violada por Poseidón en el templo de Atenea. Y la deidad, cabreada porque ha sido profanado su templo, unido a los rifirrafes que tienen ambos dioses… pues castiga a Medusa. A pesar de que haya sido violada. ¿Por qué? Pues porque Poseidón es complicado de castigar. Que tiene mucho poder y esas cosas. Y alguien tiene que pagar ¿no? Que luego, el resto de mortales se te suben a la chepa.

Los dioses griegos son vengativos, celosos, crueles y con otras muchas cualidades… muy humanas. Eso ya lo sabía de sobra. Pero nunca me había preguntado por Medusa. Siempre la había visto como una bestia sensual y que estaba encantada de ser cómo era, de petrificar a la gente, que queda de lujo como decoración  de cuevas. ¡Pero coño, fue injustamente castigada, como tantos castigos injustos de los dioses!

No obstante, la postura del relato es totalmente inventada. A lo mejor Medusa no estaba nada resentida y tras la conversión en monstruo, contactó con un aspecto emocional muy animal, no teniendo conciencia de su forma de ser antes de su castigo, quién sabe. Tengo pendiente leerme más mitología griega.

También me doy cuenta deque los pensamientos y rebeldías del personaje son bastante modernos, no compatibles del todo con la época. Pero me pareció divertido dar una visión alternativa. 🙂

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