Cocodrilo

Un hombre de unos treinta y cinco años está sentado en un banco. Su mirada se posa en las luces de la ciudad. Hay un lago cuyo reflejo crea un efecto de deformidad en los edificios. Una mujer de la misma edad que el hombre se sienta a su lado.

-Tenía miedo de decírtelo. Sabía que reaccionarías así – dice la mujer.
El hombre gira la cabeza y la mira con expresión severa:
-Creo que no eres consciente de la gravedad de todo esto. El motivo por el que llevo meses enamorado de ti no es más que una vil mentira.
Ella juguetea con un mechón de pelo. Él se levanta del banco. Entre el banco y el lago hay una barandilla. Él se apoya en ésta, volviendo a mirar el horizonte.
-Entonces… – insiste él- ¿No has matado a uno solo?

Ella niega con la cabeza. Él hace gestos nerviosos:
-¿Y esa lucha que tuviste en los baños árabes y que acabaste con un arañazo en la pierna?
-La herida en la pierna me la hizo el gato. Ya sabes que Thor se pone muy arisco a veces.
Él pasa la mano por su pelo.
-Es que no sé que hacer contigo, Berta. ¿Qué hago contigo?
-Me parece injusto hasta que punto estás llevando esta situación. ¿Has matado algún cocodrilo en tu vida?
Él guarda silencio.
-No, Guille- dice ella- no has matado una mierda. Si hasta coges las moscas que entran en tu casa con un bote para luego soltarlas en la calle.
-Ese no es el punto – replica él – me gustaba pensar que tenía a una mata cocodrilos delante mía. Y…es que no lo puedo aceptar. Ademas ¿Y el colmillo que llevas en el cuello?
-Es falso, lo compré en el rastro.
-¿El bolso de cocodrilo que tienes?
-Es de plástico.
-¿La vez que te fuiste al Amazonas a encararte con una familia de cocodrilos?
-Me fui con mi madre a Andorra.
-Madre mía…- Guille se cubre la cara con las manos

Berta acerca su mano al hombro de Guille. Éste hace un aspavimiento, esquivándola.
– Berta… ¿Y ahora qué le digo a mis colegas del curro?
Berta pone cara de sorpresa:
-¿Has corrido la voz de todo esto?
-Pues claro, mujer. La novia de Kevin es capaz de chuparse el codo. La novia de Alex puede eructar el alfabeto. Y el novio de Gus tiene tres pezones. Joder, ¿Que coño tengo yo?
-Diles que hablo ruso.
-Ruso, ruso. Mucha gente habla ruso, por favor. Eso no impresiona a nadie.
-¿Y tú qué tienes de especial, si se puede saber?
-Sea lo que sea, si estabas conmigo, era porque te gustaba lo que tenía. Pero ahora, con esta sorpresa que me has dado, yo no sé si quiero continuar. Lamento si parezco muy superficial.

Guille se aleja, dejando a Berta de pie. Ella está inmovil, mirando al suelo. Guille vuelve, corriendo.
Se quita el abrigo y deja ver una camisa. Tiene el símbolo Lacoste.
-Pégame en el estómago, Berta.
– ¿Qué estás diciendo?
-Tengo una camisa con el símbolo de un cocodrilo. Si me pegas, es casi como si hubieses pegado uno.
-Tú eres tonto, Guille.
-A ver, me siento decepcionado. Pero necesito volver a amarte. Esa sensación, esas mariposas en el estómago… las acabo de perder y es insoportable. Necesito recuperar el enamoramiento. Soy como un dorgadicto sin su heroína.
-¿Quieres que te mate?
-No mujer, tanto como eso, no. Pero, a lo mejor, si me das una paliza simplemente, se da por válida la cosa.
-Pues que no quiero darte una paliza, fíjate.

Guille se arrodilla, con apariencia desesperada:
-Te lo ruego, Berta. Pégame con todas tus ganas.
Berta se aleja del banco y camina por la carretera. Tres pasos más atrás está Guille, insistiendo:
-Berta, venga, unos puñetazos. Si esto se puede solucionar rápido.
En ese momento, la estridente luz de un vehículo sobresalta a ambos. Un camión se dirige hacia ellos. Berta empuja a Guille. Ambos están a salvo, al otro lado de la carretera. El camión sigue, sin pararse un momento.

-¡Imbécil, a ver por dónde miras!- grita Berta al camión, levantando un puño.
Guille mira a Berta un momento. Luego baja la mirada, se levanta, se sacude el polvo de los pantalones y dice con voz lastimera:
-Está claro que lo nuestro no tiene solución.
Berta aprieta los dientes y frunce el ceño.
-¡Pero si te acabo de salvar la vida!
-Ya… ¿Pero quién no salvaría la vida por otra persona? Es tan… típico. No sé, Berta. Cada segundo me demuestras más que no eres nada especial. Definitivamente esto es un adiós.

Guille se aleja de ella, arrastrando los pies. Berta lo observa hasta que su silueta se pierde en la lejanía.
-Qué le den- dice Berta.
Berta pega un fuerte silbido. Un temblor de tierra hace que pequeñas piedritas del suelo comiencen a saltar. Al poco, un enorme cocodrilo aparece.  La mujer acaricia el hocico del animal. Éste mueve la cabeza, restregándose levemente el morro en ella.
-Buen chico, buen chico.  Vámonos a casa.
Berta se sube al cocodrilo. La sombra de ambos proyecta formas más alargadas que las reales.
refresco-de-dieta


Mientras que el narrador omnisciente es aquel que lo sabe todo (pasado, presente y futuro de los personajes, de la historia, del entorno) y el equisciente parece omnisciente pero está solo centrado en un solo personaje; el narrador objetivo crea un resultado muy parecido a un guion.

Cuando se trata de narrador objetivo no hay pensamientos ni intenciones. El narrador se convierte en una cámara que capta solo aquellos aspectos que se ven y se oyen. Este relato es un ejemplo de ello. 

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